CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

El tango dice "... veinte años no es nada.." peroigual nos sirve sirve la expresión para recordar los 50 años que pasaron desde la primera gira del rugby argentino a la Gran Bretaña, la cuna de nuestro deporte.



Reitero una realidad que, anteriormente, ya expresé: el Club Deportiva Francesa fue el que primero que organizó una tournée deportiva por el Viejo Mundo, pero se presentó en el continente y no en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. Fuimos nosotros, los de CASI, quienes abrimos el camino hacia la tierra que originó el juego de los tackles y de la pelota ovalada.

Delante de mí tengo un "collage" de fotos que me envió José María Madero-compañero en el Atlético de San Isidro en los ´60- donde aparecemos en 1962/1963, durante los días del largo viaje, que duró más de tres meses, pues nos trasladamos por barco y nos entrenábamos en la cubierta durante el cruce del Océano Atlántico.

Todo comenzó con la idea que tuvieron Eliseo Rival y Florencio Varela, entrenador y capitán de los viejos sanisidrenses, campeones de la UAR ( no existía la URBA todavía) durante 1960,1961 y 1962. Ambos dirigentes resolvieron plasmar un largo viaje a la cuna del rugby, algo inédito e insólito en esos tiempos. Contaron con un apoyo valiosísimo: la gestión en la Gran Bretaña de un galés, llamado Ken John. Este cordial celta había acompañado como referí al combinado de Oxford y Cambridge que había venido a la Argentina en 1956.

Ken John, desde la primera comunicación aceptó, de buen grado, la tarea de organizarnos partidos y los "terceros tiempos", sin cobrar un solo penique. Incluso fue el árbitro en el primer cotejo, cuando nos presentamos en Penzance, tierra de piratas, ubicada en la costa vecina al Mar del Norte.
Ese debut quedó para siempre en mi memoria: ¡ Ganamos!, a pesar de la dureza de los nativos del condado de Cornwall y de la pertinaz lluvia que nos castigó del principio al fin. La victoria tuvo una "pequeña" ayuda del galés quien, en el segundo tiempo, castigó con penales a los locales por el simple hecho de respirar...

Aun cuando todo era fascinante, tuvimos un enemigo: la crudeza de un invierno muy frío, donde nevaba todos los días. Las canchas estaban blancas y suspendimos un partido tras otro. No pudimos jugar en Gales y sólo disputamos un partido en Inglaterra, donde la nieve se hacía hielo al pisarla y todos los sudamericanos terminamos con las rodillas cortadas .
En Escocia visitamos una localidad del Norte- Kelso- que estaba helada. Casi se queda tieso , en la puerta del hotel, el gaitero que nos recibió. De su antiguo instrumento colgaban estalactitas ( no exagero: así pasó) pero el bardo no se detuvo.
Edimburgo nos permitió competir porque la cancha de Murrayfield tenía ( la conserva todavía) calefacción debajo del césped. Caían los copos pero se derretían y, aunque el campo estaba mojado, se podía jugar.

En Dublín también nos presentamos y descubrimos las diferencias que existían entre esa ciudad de católicos con la Belfast de los irlandeses protestantes. En la capital de la República de Irlanda no sufrimos nevada, aunque llovió siempre.

Después de la estada extraordinaria en las Islas Británicas cruzamos el Canal de la Mancha ( en barco, ya que no existía el fantástico túnel) , pisamos el continente europeo y, por fin llegamos a Paris. El impacto de esa maravillosa "Ciudad Luz" me marcó para siempre. Tanto que, desde esos comienzos de 1963, visité la capital de Francia en muchísimas oportunidades y siempre continuó la fascinación por su cultura, su lenguaje, su comida , su historia.

El mal tiempo también nos castigó en tierra gala. Los campos de juego estaban anegados, sin cotejos, el ocio nos permitió pasear. Mi hermano Eduardo y yo fuimos favorecidos porque en Paris vivía un tío nuestro, quien fue un formidable y generoso anfitrión, pues nos llevó a los teatros, a los restaurantes famosos, a las tiendas.

La última escala fue Italia. Mejoró el clima y , por fin, jugamos al rugby en una cancha en buen estado, ubicada en el Foro Itálico, donde se habían realizado los Juegos Olímpicos de 1960. Ante unos peculiares rivales, nos despedimos con un triunfo. Después, un " pantagruélico" almuerzo que nos brindó la empresa donde trabajaba el padre de Enrico Neri, el famoso "Tano" quien , en 1965, se convirtió en uno de los primeros Pumas, al igual que Manolo Beccar Varela, Agustín Silveyra, Adolfo Etchegaray y un tal... Nicanor. Esos cinco sanisidrenses que tuvimos el inmenso honor de formar parte del plantel que realizó la primigenia gira a la Gran Bretaña y, casi tres años después, fuimos los que descubrimos Sudáfrica donde nos bautizaron con el nombre de "Pumas".

Ya pasaron 50 años de esa aventura hacia unas islas desconocidas , mitificadas por todos los que queríamos al rugby. Por supuesto, " los de entonces, ya no somos los mismos..." aunque, en nuestro corazón y en los recuerdos, recuperamos la juventud de 1962/63 y nos embriaga la emoción. El rugby, en esa gira, nos hizo hombres.

Llega el tiempo de la pausa. La natividad, el fin de año y las vacaciones nos separarán durante unos meses. Cuando retornemos, seguiré contándoles historias vividas por este viejo cronista del deporte más maravilloso que existe.

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